Mucho antes de que el champán o el burdeos conquistaran Europa, hubo un vino que se servía en las cortes de Londres, París y Ámsterdam: el Canary, el vino dulce de Malvasía de las Islas Canarias.
El vino de los reyes
Entre los siglos XVI y XVII, el llamado Canary sack era un artículo de lujo. Los barcos salían de Tenerife y La Palma cargados de barricas hacia el norte de Europa, donde la nobleza pagaba fortunas por su dulzor sedoso.
Shakespeare lo puso de moda
El propio William Shakespeare hizo que sus personajes brindaran con vino de Canarias. En sus obras, el canary aparece como símbolo de buena vida y placer — una de las mejores campañas de marketing de la historia, cuatro siglos antes de internet.
Lo que bebían los nobles del Renacimiento todavía se elabora hoy en Lanzarote.
Tras siglos de altibajos, la Malvasía volvió. Hoy, la Malvasía Volcánica de Lanzarote da vinos secos y dulces que han recuperado el prestigio de aquel vino legendario, ahora con una precisión moderna.
Probar una Malvasía canaria es, de alguna manera, brindar con la historia.